María Montessori

María Tecla Artemisia Montessori (31 de agosto de 1870 - 6 de mayo de 1952), más conocida como María Montessori nació hace más de un siglo y medio en Chiaravalle una localidad italiana próxima al mar Adriático.

Comenzó a estudiar ingeniería con14 años, para posteriormente estudiar biología, acabando en la Universidad de roma donde es aceptada en la escuela de medicina. También estudio antropología y consiguió un doctorado en filosofía. Tuvo algún acercamiento a la psicología experimental que se impartía en la época. De su vida familiar se puede destacar a su hijo Mario el cual nació de su relación con Giuseppe Montesano, psiquiatra y profesor, después del abandono de este, María se afilió al movimiento feminista donde consiguió reconocimiento internacional. Durante el régimen de Mussolini fue bien considerada por este, pero debido a las acusaciones de Montessori sobre la educación del régimen, de la cual decía “que formaban a los jóvenes con métodos brutales para convertirlos en pequeños soldados”, no le quedó más remedio que exiliarse, marchándose de Italia en 1933, no volviendo a Italia hasta 1947.

Aplicó métodos experimentales de enseñanza a niños con deficiencias mentales; consiguiendo que estos aprendieran a leer y escribir, lo que le sirvió para poco a poco desarrollar sus propios métodos que acabaría aplicando a niños también sin deficiencias. Esto le llevó a determinar que los niños “se construyen a sí mismos” teniendo en cuenta los factores externos, del contexto, ambiente, etc...

Este fue el germen de lo que más adelante se conocería como “El Método Montessori de enseñanza” La mayoría de sus teorías se basaban en la observación de los niños, a los que dejaba relacionarse con el entorno sin la supervisión de un adulto. La idea era que los niños eran sus propios maestros y que necesitaban cierta libertad para aprender.

Terminó sus días afincada en Amsterdan, donde antes de morir publicó su libro “The Absorbent Mind” y fué nombrada Doctora Honoris causa, muriendo con 82 años en 1952, no obstante a día de hoy y prueba de ello es este texto, su metodología sigue patente y no son pocos los centros educativos que se rigen por el Método Montessori de enseñanza.

Su método se fundamenta en el respeto hacia los niños y en su capacidad para aprender. Esto es que todos los niños son absorbentes como esponjas y que son capaces de empaparse en toda la información que necesitan para su desempeño en su vida. Aprendiendo de forma espontánea a andar, correr, hablar, escribir, etc...

No buscaba que los niños fueran copias en pequeño de sus padres, ni moldearlos según los valores de una sociedad, buscaba darles la oportunidad de aprender y utilizar la libertad a partir de los primeros años de desarrollo, para que llegase a adulto siendo capaz de afrontar los problemas que se nos presentan a diario.

En las escuelas Montessori, su objetivo es que la educación debe ser cultivar el deseo natural por aprender, por lo que en los grupos de niños las edades son distintas. Siendo los más pequeños ayudados por los más grandes, los cuales rememoran conceptos que aprendieron siendo más pequeños. A diferencia de las escuelas tradicionales donde todo el grupo tiene la misma edad, y reciben todos la misma educación de un profesor y al mismo ritmo; por lo que algunos niños pueden retrasarse respecto a los demás, y no siempre por una ineficiencia del profesor.

Con el método Montessori, el profesor profesa un rol más de guía, (aparte de observador) que potencia o da retos, novedades, objetivos, pero no se incita a la competencia. Se respeta y tiene en cuenta el logro de cada alumno en el momento en que se dé, no se impone un orden y lugar para sentarse, los niños son libres de mover sus mesas, agruparlas o separarlas según la actividad que desarrollen. Todo el mobiliario en un aula está pensado y adecuado al tamaño del niño para que puedan explorarlo usando sus manos. Descubriendo y construyendo relaciones de aprendizaje por sí mismo. Los errores, equivocaciones, fallos, se consideran una parte del aprendizaje, esto es, no se castigan los fallos. El fallo pasa a formar parte del aprendizaje, si comprende el fallo, rara vez se volverá a repetir de forma consciente. Esto se consigue haciendo que el niño haga una autoevaluación.

Esto son solo unas pequeñas pinceladas de lo que el método Montessori ofrece, como ves, es un método que premia la libertad de acción, donde no se busca una competición, sino una cooperación entre los niños. Donde la exploración y experimentación propia prevalece por encima del “esto es así porque lo pone en este libro”, donde los niños se desarrollan siendo más conscientes de sus capacidades y limitaciones y donde el error no es un castigo, si no otro método más de enseñanza, y del que aprender. Por eso te recomiendo desde aquí a que si he despertado tu curiosidad te informes más sobre este método, ya sea leyendo “La Mente Absorbente” escrito por la propia Montessori o acercándote a centros donde usen su método para informarte. Como siempre, lo importante es poder elegir cada uno la educación que queremos que reciban nuestros hijos, sin que esta sea impuesta o limitada.

Aquí puedes encontrar algunos juguetes que mantienen los métodos Montessori

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